
Los residuos de las explotaciones ganaderas tienen dos consideraciones en general:
- Ser tratados como desechos, los que deben ser eliminados. En ésta alternativa, se propicia la pérdida de recursos naturales y la contaminación ambiental.
- Ser tratados como materiales que pueden utilizarse en calidad de enmiendas orgánicas de los suelos. Es la opción a recomendar y sugerir, sin duda alguna, opción que privilegia un sistema sustentable.
El uso eficiente de los residuos animales como abonos es una práctica de manejo agronómica y económicamente viable para una producción sustentable en agroecosistemas.
La incorporación de estiércoles al suelo implica reciclar nutrientes, los cuales son traspasados desde el complejo suelo-planta a través de la alimentación de los animales y retornan parcialmente a ese medio en forma de abonadura.
Otro factor a considerar en la idea de sustentabilidad, es que los estiércoles no sólo proveen nutrientes, determinan acciones positivas sobre un variado conjunto de propiedades edáficas, entre ellas, el contenido y la calidad de la materia orgánica.
Los valores orgánicos de los estiércoles son variados (30 – 80 %) y fundamentalmente están en relación con la especie animal, con la alimentación del ganado y con el medio en donde los mismos se acumulan y recogen.
En el caso específico de los rumiantes, el forraje rico en fibra que compone su dieta fundamental, contiene una cierta proporción de ligninas. Estas ligninas no son prácticamente degradadas ni por las enzimas de digestión ni por los microorganismos, y se excretan en el estiércol, junto a las sustancias constituidas por proteínas indigeribles, las que representan los componentes más importantes para la generación de las sustancias húmicas estables.
En consecuencia, aplicaciones reiteradas de estiércoles de ganado durante períodos prolongados permiten aumentar los contenidos de humus del suelo.
En forma paralela, con el beneficio que producen sobre la fracción orgánica, está demostrado que el estercolado actúa positivamente sobre la condición física de las tierras, permitiendo una importante disminución de la densidad aparente, aumentos de la porosidad total, de la macro porosidad y de la estabilidad estructural y mejoras en la capacidad de almacenaje de agua del suelo, mediante la incorporación al suelo de variados tipos de estiércoles.
La condición biológica es otro aspecto a considerar en la práctica del abonado orgánico. El estiércol ejerce un efecto favorable por el gran y variado número de bacterias que posee. Éstas producen transformaciones químicas no sólo en el estiércol mismo sino, además, en el suelo, haciendo que muchos elementos no aprovechables por las plantas puedan ser asimilados por ellas. Además, el estercolado aumenta la población y la actividad de algunos componentes de la fauna edáfica, como por ejemplo las lombrices.
¿Como aplicar estiércol al suelo?
Las técnicas de aplicación del estiércol a la tierra varían según el material sea sólido o líquido. En general se recomienda la semi incorporación; no es adecuado dejarlo en superficie, pues las formas volátiles de los nutrientes (particularmente el nitrógeno) pueden derivar a la atmósfera y no pasar al suelo. El momento de aplicación debería ser próximo a la siembra del cultivo, para disminuir la pérdida de nutrientes por volatilización o lavado. Sin embargo, en los casos en que estos materiales puedan producir modificaciones importantes del pH o elevar la salinidad, será conveniente disponerlo sobre el suelo 30 a 45 días previos a la siembra.
Problemas con el uso de estiércol como abono orgánico
El estercolado en dosis elevadas es capaz de incrementar la salinidad edáfica, elevar el pH y aumentar la concentración en el suelo de nitrato, amonio y otros iones tóxicos. Los dos primeros efectos se relacionan con las características propias de los estiércoles. En general, los excrementos animales son alcalinos, fundamentalmente por liberar nitrógeno en forma de urea, que se descompone formando amoníaco. Contenidos relativamente altos de sales y/o una reacción básica pueden constituirse en factores perjudiciales para las plantas de los cultivos, especialmente durante la germinación y la emergencia.
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